No me envíes más bulos, por favor

¿Quién no ha recibido por Facebook, Whatsapp u otros medios mensajes alarmantes que buscan nuestra condolencia o solidaridad animándonos a compartir masivamente?

Los ejemplos son numerosos, como la petición de donaciones de sangre, alarmas sobre productos o marcas que son malísimos para la salud, premios que nos llegarán por compartir el mensaje con 20 personas, virus letales que nos infectarán si recibimos un mensaje de determinado correo, etc.

Este mensaje que muestro en la siguiente imagen me ha llegado recientemente en un grupo de whatsapp:

No me envíes bulos, por favor

Ya en enero de 2012 se podían leer noticias desmintiendo el contenido de este mensaje.

Antes de compartirlo, por favor, ¡desconfía y documéntate!

Los bulos informáticos, también conocidos como hoax, llevan existiendo al menos desde que se popularizaron las comunicaciones por Internet, es decir, hace «unos cuantos años». Con el tiempo podríamos pensar que ya todos hemos aprendido a distinguir cuándo un mensaje es falso y solo persigue la distribución masiva, pero lo cierto es que hoy siguen circulando por las redes como si muchos de nosotros ignorásemos su existencia.

Razones para no enviar bulos:

  • Tiempo: además del tiempo que invierte quien lo envía, el que lo recibe malgastará el suyo leyéndolo, probablemente buscando información para contrastar el hecho y posiblemente contestando a quien lo envió explicando las razones para que deje de hacerlo.
  • Daño a inocentes: en muchos mensajes, como el que muestra la imagen anterior, aparecen nombres, números de teléfono, correos electrónicos, nombres de empresas, etc. que seguramente recibirán avalanchas de llamadas y mensajes de todo tipo. En la mayoría de los casos son personas completamente ajenas al bulo pero se verán perjudicados de una u otra manera por la información falsa que se ha extendido.
  • Daño a la propia imagen: a nadie nos gusta que nos califiquen de “pardillos” al compartir algo, por ejemplo en un grupo numeroso de Whatsapp, donde ofrecemos una imagen de excesivamente inocentes al compartir mensajes que la mayoría identifica como bulos.
  • Energía: toda acción que realizamos en Internet conlleva un gasto energético más allá del consumo del propio dispositivo. El consumo de un solo mensaje es despreciable, pero cuando se multiplica por cifras extraordinarias, se convierte en uno de los problemas más importantes a los que se enfrentan los proveedores de servicios como Facebook o Whatsapp, junto a las repercusiones medioambientales que conlleva.

¿Cómo identificar un bulo?

Antes de compartir una noticia alarmante y “sensiblera”, debemos hacer una búsqueda por Internet para contrastar la información.

Es tan sencillo como buscar algún dato relevante del mensaje al que podemos añadirle la palabra ‘bulo’ u ‘hoax’ para que los resultados encontrados tengan mayor acierto.

No me envíes bulos, por favor

Si se trata de un hoax, los resultados nos lo indicarán enseguida, pues serán muchas las páginas que se habrán hecho eco de la información falsa.

Por favor, si recibes un bulo no lo compartas, comprueba que es falso y avisa educadamente a quien lo envió para que deje de hacerlo.

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