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Sexnología, cuidado con estos juguetes tecnológicos

Los juguetes sexuales conectados a Internet suponen un importante riesgo para la privacidad de sus usuarios. Si no se gestionan adecuadamente, las consecuencias pueden llegar a ser muy graves.

Sexnologia

El término “sexnología” (sexo + tecnología) apareció hace ya unos años, cuando surgieron los primeros dispositivos conectados a Internet destinados a los juegos y placeres sexuales.

Estos juguetes han sufrido un incremento de ventas espectacular desde el inicio de la pandemia del Covid 19. Los usuarios, obligados a hacer confinamiento en casa, se han volcado masivamente en la compra de estos caprichos. Seguro que ayudaron a pasar esos difíciles días de una forma más placentera.

Pero debemos ser muy conscientes de los riesgos que supone el uso de estos dispositivos tan personales cuando, para su funcionamiento, los conectamos a Internet.

Por ejemplo, no hace mucho se hizo público el hackeo de un dispositivo conectado tipo cinturón de castidad. El atacante fue capaz de bloquear la apertura de todos estos “juguetes” y pidió un rescate a las victimas en forma de bitcoins.

Por qué son arriesgados los juguetes de la sexnología

Como ya sabemos, todos los dispositivos que se conectan a Internet tienen un riesgo. Facilitan información por la Red que, si no se protege de forma adecuada, puede terminar en manos de personas malintencionadas que la intentarán usar para su provecho.

En el caso de los juguetes sexnológicos, el riesgo es extremo por varias razones:

  • Los fabricantes que hay detrás de estos dispositivos no suelen centrarse en la seguridad informática, sino en la apariencia y funcionalidad a coste reducido. Muchas veces son empresas chinas que, llevadas por el boom de ventas, fabrican de forma rápida y en masa sin aplicar las necesarias medidas de seguridad y privacidad para que sus dispositivos, los datos y sus archivos, queden completamente protegidos.
  • La información que es capaz de proporcionar a un atacante es enormemente sensible. Pensemos en hábitos sexuales, horarios y lugares, imágenes que pueden tomarse según qué dispositivo, chats privados, hasta posibles infidelidades podrían detectarse.
  • Los usuarios, en general, no tienen en cuenta el riesgo que entrañan. Lo ven más como un juguete inofensivo, sin advertir que realmente están compartiendo por Internet información muy personal. Suelen descuidar buenos hábitos, como el uso de contraseñas únicas y fuertes o el mantenerlo debidamente actualizado.
  • Los ciberdelincuentes saben que es una buena ocasión para lucrarse y no escatimarán esfuerzos para lograrlo. Intentarán explotar todo tipo de vulnerabilidades del dispositivo, de la cuenta de la persona, de la aplicación que lo gestiona o de los servidores de la empresa. Si se hacen con esa información tan sensible, pueden pasar al chantaje de inmediato y saben que, la mayoría de las personas, preferirán pagar antes de que cierta información se haga pública.

Cómo nos pueden atacar y cómo protegernos

  • Usuario y contraseña. Para todos los juguetes que requieran de registro, deberíamos utilizar una contraseña única y bien complicada. Todos los días se producen robos a grandes empresas donde salen a la luz combinaciones de usuario y contraseñas válidas. Si por casualidad aparece una nuestra y coincide con la que usamos en otros sitios, muy posiblemente nos robarán la cuenta de esos sitios y accederán a toda nuestra información.
  • La red de Wifi casa. No solo debemos mantener nuestra red libre de intrusos configurando la contraseña de acceso bien complicada. Además, deberemos estar seguros de que ningún otro equipo conectado a nuestra red, especialmente ordenadores y teléfonos, están infectados con programas espías que pudieran compartir con atacantes información sensible.
  • Redes inseguras públicas. Nunca deberemos usar estos dispositivos conectados en redes públicas inseguras, como en hoteles, aeropuertos, etc.
  • Fabricantes serios. Lo más prudente será que nos informemos de la capacidad del fabricante para mantener seguros sus dispositivos, sus aplicaciones y sus servidores, en una palabra, su seriedad. Cada vez son más las compañías responsables que sí se preocupan por la ciber seguridad. Unas búsquedas por Internet antes de comprar pueden sernos de mucha utilidad.
  • Actualizaciones. La mayoría de los ataques a los dispositivos conectados tienen su origen en brechas de seguridad. Muchas veces son descubiertas antes de que sean aprovechadas por los ciberdelincuentes. Los fabricantes serios mantienen una política de actualizaciones periódicas para atajar esas brechas.
  • Sentido común. Compartir fotos o vídeos de alto contenido sexual siempre es mala idea. Si se hace, se debe intentar siempre que no sea posible la identificación de la persona.
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