¡Cuánto queda por hacer!

Cuando uno acostumbra a leer e incluso a escribir sobre los temas que tratamos habitualmente en este blog, parece que las reglas más elementales sobre privacidad y seguridad en los ordenadores van a ser del dominio público, que todo el mundo va a estar al tanto de los riesgos o amenazas que circulan por Internet.

Pero nada más lejos de la realidad y lo he podido constatar durante estos días de vacaciones en los que he variado algo mi círculo de amigos y he conversado con algunos de ellos sobre las nuevas tecnologías que a todos nos rodean.

Podría decir que no he encontrado ninguna persona suficientemente formada o medianamente conocedora de los riesgos que corren nuestros hijos al extender sus lazos de amistad a través de las redes sociales. Todos ellos se consideran inmigrantes digitales, pero no por ello deberían ser “ignorantes digitales”, y digo esto en el mejor de los sentidos, sin su acepción peyorativa, simplemente “ignoran” muchas cosas que deberían conocer.

Es sorprendente que, con la cantidad de gente que se relaciona y conoce bien el funcionamiento de las redes sociales, aún podamos encontrar tantas personas que no saben nada de ello o lo han intentado pero se ha limitado a una experiencia aburrida y sin futuro.

Esto no sería un problema si no fuera porque la mayoría de estas personas tiene hijos y ellos sí utilizan muchas de las opciones digitales para comunicarse. Son nativos digitales en un ambiente familiar de inmigrantes digitales y esto hace que el diálogo entre padres e hijos sobre estos temas sea nulo e imposible.

He encontrado diferentes grados de conocimiento sobre el funcionamiento de las redes y sus riesgos, en ningún caso suficiente, pero al menos conocían que existían dichos riesgos. Lo que sí es común en todos los padres y madres es su interés por ampliar información una vez que conocen la existencia de riesgos para sus hijos, como no podía ser de otra forma.

Como ejemplo, que me sorprendió de manera especial, es el de un padre con dos hijos, el mayor tiene 12 años casi 13. Su hijo ya le ha hablado varias veces de Tuenti y según sus palabras “ya le vamos a dejar hacerlo”. Esta es la edad a la que se suele empezar y el niño muestra un gran interés porque el resto de sus amigos lo tienen.

Sus padres se autocalifican de “ignorantes” no sólo respecto a las redes sociales sino a todo lo relacionado con los ordenadores. Saben que en cualquier momento sus hijos van a saber más que ellos sobre todo lo relacionado con el ordenador. Me decía: “como me pregunten a mí, yo no voy a tener ni idea”.

Al seguir nuestra conversación, sin ánimo de asustar pero con el objetivo de hacerles abrir los ojos, conté un posible caso inventado de suplantación de identidad a través de Tuenti para ganar la confianza del niño y utilizarla con fines pederastas. Se quedaron muy sorprendidos, era la primera vez que habían oído hablar de algo así, y yo no me lo podía creer. También comenté algo sobre el “sexting” y el peligro de las cámaras web. No daban crédito a lo que oían.

Tras explicarles brevemente que no se trata de prohibir el uso de las redes a los chavales, porque lo acabarán haciendo igualmente en algún lugar sin su control, sino de educar y enseñar los riesgos, les recomendé documentarse, participar en algunas de las redes sociales más habituales y por supuesto visitar de vez en cuando nuestro blog.

Cuanto por hacer

Hoy pienso más que nunca que necesitamos hacer un esfurzo de divulgación muy importante. Debemos llegar a todas aquellas personas que, teniendo interés en mejorar su protección y la de los suyos, desconocen todo acerca de los peligros y medios de combatirlos.

¡Cuánto nos queda por hacer!

¿Crees, como yo, que hay todavía mucha gente que no tiene ni idea de estos temas?
¿O piensas que exagero y que realmente la gente sí sabe lo imprescindible para enseñar a sus hijos?

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