El ciberbullying preocupa a uno de cada cinco padres de menores

El 21% de los padres está preocupado por si sus hijos son víctimas del ciberbullying, mientras que el 18 % conoce a algún menor que ha sido ciberacosado, según una encuesta realizada en nuestro blog hace unas semanas.

Las cifras de acoso escolar o bullying en España son “realmente alarmantes” tanto en entornos offline como a través de medios conectados como el teléfono, el ordenador o la tablet, entre otros. Muestra de ello es que en dos meses, el teléfono contra el acoso escolar del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha recibido más de 5.500 llamadas de las que casi 2.000 se identificaron como posibles casos de ciberbullying o ciberacoso.

El ciberbullying preocupa a uno de cada cinco padres de menores

El socio-director de S2 Grupo, José Rosell, ha apuntado que se trata de un tema “muy serio” que “puede tener consecuencias realmente graves y por eso es esencial combatirlo desde la fase más primitiva que es la prevención“.

A juicio de Miguel A. Juan, otro de los socios de la mercantil, para evitar el ciberbullying es “muy importante” detectarlo con rapidez y poder erradicarlo antes de que derive en situaciones extremas y dolorosas tanto para los jóvenes como para sus familias.

En este sentido, ha apuntado la importancia de darnos cuenta de los posibles cambios en los hábitos del menor que puedan indicarnos que algo no funciona y que nos permita actuar a tiempo.

¿Cómo detectarlo?

Con la finalidad de ayudar a padres y profesores, mencionaremos aquellos cambios de conducta o estado de ánimo en los jóvenes que pueden asociarse con el hecho de padecer algún tipo de ciberacoso, aunque, obviamente, no son exclusivos de estos conflictos.

Cambios en sus hábitos y/o estado de ánimo

  • Especialmente los relacionados con los dispositivos con Internet, menor uso o cambios en sus preferencias. La actividad nula o casi nula en entornos online donde antes empleaba su mayor parte del tiempo.
  • Se aprecia un incremento en su reserva para con la familia y profesores.
  • Faltas de asistencia a las clases del colegio.
  • En la cantidad y manera de comer.
  • Respecto a sus grupos de amigos, deja de relacionarse con los habituales y quizá aparecen nuevas amistades.
  • Miedo u oposición a salir de casa, con reducción de las actividades habituales en su tiempo libre.
  • Cambios de humor poco habituales, tristeza, apatía, indiferencia hacia lo que hasta entonces le producía motivación.
  • Reacciones agresivas fuera de lugar.

Cambios físicos o en sus pertenencias

  • Pérdida o desperfectos en objetos físicos, así como lesiones físicas más frecuentes de lo normal.
  • En su lenguaje corporal: hombros encorvados, cabeza gacha, falta de contacto directo en la mirada, etc.

Cambios somáticos

  • Aumento o pérdida de peso rápido derivados de cambios en el comportamiento ante la comida: falta de apetito o comidas compulsivas.
  • Diarreas frecuentes sin ir acompañadas de vómitos o fiebres.
  • Mareos frecuentes con síntomas no comunes.
  • Dolor de cabeza o estómago que no afectan al sueño pero que impiden realizar actividades normales como ir al colegio.

¿Cómo actuar?

Analizar si existe el ciberbullying

  • Si solo tenemos la sospecha y no contamos con la confesión del joven porque se niega a asumirlo, deberemos conseguir señales inequívocas o pistas que nos lo confirmen. Podemos preguntar a su entorno de amigos y profesores y ponerlos sobre aviso. Debemos buscar en las redes sociales que frecuenta, hacerse ‘su amigo’ y comprobar mensajes y fotos compartidas por él y otros amigos.
  • Por último, se puede recurrir a aplicaciones que monitorizan y registran todo aquello que hacen en las redes sociales. Si el caso es lo suficientemente grave, posiblemente será una opción justificada.
  • Cuidado. El desconocimiento que los padres suelen tener acerca del funcionamiento de las redes sociales puede producir alarmas que pudieran ser infundadas. La brecha digital en este ámbito puede causar defectos de apreciación, por lo que será recomendable el consejo de terceras personas si fuera necesario.

 Si el menor lo reconoce

  • Demostrarle apoyo y confianza, evitando el sentimiento de culpabilidad y potenciar la comunicación. Si colabora abiertamente será más fácil poner fin al problema, de lo contrario podría intentar ocultar parte de las pruebas.
  • Convencerle de que hay que actuar cuanto antes, dejar pasar el tiempo, quedar pasivo, no solucionará el problema.
  • Recopilar las pruebas antes de que puedan ser eliminadas por el acosador. Consistirán en conversaciones grabadas de chat, imágenes publicadas que se pueden descargar o hacer capturas de pantalla, etc. Aquí hay que decir que si queremos recoger todas las pruebas disponibles debemos hablar con personal especializado, porque además de los datos fácilmente visibles en las páginas e imágenes, se pueden descargar otros datos muy valiosos para las investigaciones, como los metadatos de las fotos y debe hacerlo gente con los conocimientos adecuados.
  • Poner en conocimiento del centro escolar el caso de ciberacoso, comunicándolo al tutor y a la dirección del centro para que hagan un seguimiento y apliquen el protocolo correspondiente que todo Centro escolar debe tener.
  • La lucha contra el ciberbullying debe hacerse ‘en grupo’ es decir, el acosado debe verse arropado además de por su familia, por los profesores y por su grupo de amigos. Es necesario potenciar en los compañeros el sentimiento de rechazo hacia el ciberacoso.
  • Si el acoso no cesa, no se encuentra vía de diálogo o simplemente no se puede localizar al acosador es necesario denunciar a la policía. El Grupo de Delitos Telemáticos (GDT) de la Guardia Civil facilita el proceso de denuncia mediante un formulario que se rellena y luego se presenta en comisaría.

Es mejor no tener que recurrir a todas estas medidas, pero sabemos que hay ocasiones en las que no queda otra solución.

Recordemos el caso real que un padre nos contó por medio de este interesante artículo y que publicamos hace ya un tiempo, donde nos describe cómo tuvo que actuar para conseguir dar fin al ciberbullying que sufría su propia hija

No obstante, el mejor consejo que podemos dar es la prevención. Desde el punto de vista del acosado, debe entender que nunca debe responder a la provocación. Y respecto al acosador, además de inculcarle valores de respeto y empatía, no estará de más enseñarle que el ciberacoso se considera un delito y que la Ley puede hacer responsable penal a un menor desde los 14 años.

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