Guía para escapar del ciberbullying

Los niños y jóvenes afectados por el ciberacoso en ocasiones no piden ayuda a sus padres. Y si lo hacen, éstos se ven también indefensos. Aprende a detectar el ciberbullying y a lograr resolver la situación.

ciberbullying

Como padres, o educadores, hay una cosa que nunca debemos poner en duda: el ciberbullying es un problema grave que puede minar la salud mental de los menores. Nunca tratemos de justificarlo o de quitarle importancia diciendo que «son cosas de niños». El ciberacoso es un delito penal que incluso puede condenarse con la cárcel.

Antes de Internet, si sufríamos acoso escolar, ese sufrimiento terminaba en cuanto sonaba el timbre del colegio. En el peor de los casos, cuando cerrábamos la puerta de nuestra casa. Sin embargo, hoy en día las nuevas tecnologías hacen que ese acoso pueda continuar durante el resto del día, haciendo vivir a las víctimas una situación que no se ven capaces de afrontar y que está dañando su salud mental.

Detectar el ciberbullying

En ocasiones, son los niños los que acuden a nosotros en busca de ayuda. Pero también existen menores que se avergüenzan de lo que les está ocurriendo y no se sienten capaces de contarnos lo que les está ocurriendo.

Sin embargo, el ciberbullying, al igual que el acoso escolar, hace que los niños vivan una serie de cambios que podemos detectar, tanto en su estado de ánimo como en sus hábitos. En ocasiones, también aparecen síntomas somáticos. Es decir, problemas de salud derivados del estrés.

En un caso reciente en el que un padre nos pidió ayuda, el acoso se detectó porque la víctima somatizaba su estrés y ansiedad en dolores constantes de estómago. Finalmente, en una consulta médica, el doctor recomendó psicoterapia y fue ahí donde se descubrió la situación de ciberbullying.

Para que pueda servir de guía a padres o educadores, enumeraremos una serie de síntomas de alarma. Hay que tener en cuenta que puede que solo ocurran algunos de esta lista, o que se manifiesten otros que no hemos contemplado:

Hábitos

  • Su uso de los dispositivos que antes utilizaba para conectarse a Internet ha disminuido considerablemente.
  • Cambios en el rendimiento escolar.
  • Evita hablar con la familia o sus profesores.
  • Faltas de asistencia a las clases.
  • Miedo y oposición a salir de casa.
  • Cambios en sus hábitos de alimentación.
  • Lesiones físicas más frecuentes de lo normal.
  • Pérdida de objetos o desperfectos en sus posesiones.

Estado de ánimo

  • Aumento de la timidez o disminución de la confianza en si mismo. Problemas en las relaciones sociales.
  • Sentimientos de ansiedad, ira, fatiga o desánimo.
  • Reacciones agresivas fuera de lugar.
  • Sentimientos de indefensión y culpa.
  • Cambios de humor poco habituales.
  • Hombros encorvados, cabeza gacha, falta de contacto directo en la mirada.

Cambios somáticos

  • Aumento o pérdida de peso rápido derivados de cambios en el comportamiento ante la comida.
  • Diarreas frecuentes sin ir acompañadas de vómitos o fiebres.
  • Mareos frecuentes con síntomas no comunes.
  • Dolor de cabeza o estómago que no afectan al sueño pero que impiden realizar actividades normales como ir al colegio.

Primeros pasos ante el ciberbullying

Si el menor nos ha pedido ayuda o ha reconocido que sufre ciberacoso ante nuestras sospechas, lo primero es demostrarle nuestro apoyo e intentar calmar sus sentimientos de culpabilidad. Sus acosadores vuelcan sus propias inseguridades en alguien que ellos consideran menos fuerte que ellos. No ha hecho nada malo, y aguantando todo esto está demostrando mucha más fuerza que cualquier acosador. Ahora le vamos a ayudar y vamos a conseguir que esto pare.

Es importante que el menor colabore, por eso debemos hacerle entender que estas situaciones cuando antes se corten, mejor. Ahora, juntos, debéis respirar hondo, hacer de tripas corazón y leer todos los mensajes en los que haya insultos o amenazas. Habrá que hacer capturas de pantalla de todos ellos para tener evidencias ante una posible denuncia. También debemos descargar todos los archivos, como fotos o vídeos. Durante el proceso, registraremos todos los datos que puedan resultar útiles, como fechas, horas y circunstancias en las que tuvo lugar el ciberacoso.

Es importante también que no borremos esos mensajes ni intentemos ponernos en contacto con los acosadores. Esto podría alertarles de que estamos recogiendo pruebas, pudiendo ellos eliminarlas antes de que lo tengamos todo.

En ocasiones, un profesional especializado puede ser útil para recoger información adicional, como los metadatos de esos archivos, que pueden indicar cuándo fueron realizados, dónde, etc. Esto resulta muy útil cuando no se sabe quién es el acosador, ya que en Internet es muy fácil ocultarse detrás de perfiles falsos.

Ayuda al menor acosado

La víctima del ciberbullying, así como del acoso escolar, puede tener serios problemas derivados de las amenazas, los insultos y las humillaciones. Si hemos notado en él grandes cambios en su forma de ser o comportarse, probablemente necesite apoyo psicológico.

Para ello, lo primero es poner en conocimiento del colegio la situación para que comiencen a aplicar el protocolo contra el acoso escolar y hagan un seguimiento del caso. De esta forma, el centro puede dar apoyo psicológico al menor durante todo el proceso.

En ocasiones será el centro quien nos lo recomiende al hacer un seguimiento del caso. Otras veces, veremos que el estado de ánimo de la víctima no mejora y por ello deberíamos solicitar ayuda profesional. Acudir al centro de salud y a asociaciones contra el acoso puede ser un buen primer paso para su recuperación.

Si el ciberbullying no cesa, denuncia

Si el centro escolar no puede ayudarnos a parar el acoso, tendremos que denunciar lo que está ocurriendo.

Podemos intentar hablar con los padres de los acosadores para intentar que la situación termine por la vía del diálogo. Sin embargo, si esta vía no funciona o no sabemos quienes son los agresores, lo mejor será denunciar ante las autoridades.

Utilizando todas las pruebas que hemos recopilado debemos acudir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o a la Fiscalía de Menores.

Además, si necesitamos asesoramiento podemos acudir a asociaciones contra el acoso, como StopHaters, a la que pueden acudir tanto las víctimas como los padres. Esta plataforma asiste de forma gratuita y desinteresada a cualquiera que esté sufriendo cuberbullying. Su equipo está formado por abogados, informáticos y un grupo de psicólogos.

¿Y si el acosador es mi hijo?

Descubrir que nuestro hijo es un acosador o bully no es plato de buen gusto para ningún padre. Pero, como todo lo que tiene que ver con la educación, debemos armarnos de paciencia y cariño.

Detectar a un niño acosador no es una tarea sencilla, pues no muestran síntomas de cambio como las víctimas. Sin embargo, los bullies presentan una serie de cualidades comunes como agresividad o frustración fáciles. Lo que se podría llamar «de mecha corta». Además, puede presentar problemas en el hogar, gusto por romper las reglas, utilización de la violencia para conseguir lo que quiere, amigos acosadores, etc. También puede ser un niño que disfruta burlándose, es intimidante, le cuesta empatizar con sus compañeros, quiere imponer su voluntad o no exteriorizar sus sentimientos de culpa.

Por desgracia, los padres o los educadores solemos ser los últimos en detectar un caso de ciberacoso. Sin embargo, cuando somos conscientes o nos avisan de que un menor a nuestro cargo se dedica a hacer ciberbullying no podemos quedarnos de brazos cruzados.

Debemos evaluar el nivel del problema. Quizá se trate de un conflicto en el que mediando verbalmente se pueda llegar a una solución, como un malentendido. Si no es el caso y estamos ante una situación de más gravedad, debemos considerar otras acciones, incluso acudir a la policía.

El acosador debe aprender a empatizar

Lo principal es hablar con el niño que acosa y transmitirle nuestro descontento con su actitud. Como padres, puede ser difícil enfrentarse a un asunto así, sobre todo si el niño no atiende a razones. Sin embargo, para solucionar un problema como este no debemos gritarle ni ponerle castigos que se olvidarán al día siguiente. El menor debe entender las consecuencias, tanto en el colegio como en casa. También debe quedarle claro que ha cometido un delito penal y que tiene suerte si no se ha visto envuelto en ningún juicio.

Por otra parte, trataremos de hacer que se ponga en el lugar del menor al que ha acosado. Si no somos capaces, es hora de acudir a un profesional. La terapia puede ayudar al niño que acosa a mejorar su empatía y a los padres a entender las causas de su mal comportamiento.

Es importante recordar, en un punto como éste, que ningún niño nace malo. Como padres, debemos acompañarles en este difícil proceso. Debe saber que estamos enfadados con su comportamiento, pero que le seguimos queriendo y que confiamos en que cambie su actitud.

Así, cuando el niño que acosa pueda ser consciente del mal que ha hecho a un compañero, debemos acompañarle a que enmiende los errores que ha cometido. Al menos, pidiendo disculpas a la víctima.


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