Mamá, quiero ser influencer

«Mi hijo quiere ser influencer» es una de las frases recurrentes de los padres en esta década. ¿Cómo proteger la privacidad de alguien que aspira a exponerse en Internet?

mi hijo quiere ser influencer

Hoy en día la sociedad considera que los pocos que pueden vivir de presumir en redes sociales son unos privilegiados. Parejas patrocinadas por hoteles de lujo, restaurantes… Jóvenes patrocinados por marcas de ropa…

El mundo de la publicidad ya no es solo accesible a estrellas de Hollywood. El mercado ha empezado a promocionar estilos de vida y parece que vivir de las redes sociales, como Instagram o YouTube, es algo totalmente viable. Hay personas que se esfuerzan realmente en lograrlo, y que incluso dejan sus trabajos para vivir de estos canales. Sin embargo, llegados a este punto, cada uno puede hacer con su vida de adulto lo que considere, aunque ello signifique exponer sus intimidades en la red.

La cosa es diferente cuando hablamos de menores de edad. «Mi hijo quiere ser influencer» no es una frase fugaz, como cuando los padres alardean de que su niña quiere ser astronauta, o su niño desea ser médico. Cuando un padre habla sobre la profesión de influencer, suele hacerlo con preocupación. Sobre todo porque esto significa que sus hijos ya tienen el impulso de exponerse en Internet, algunos incluso antes de tener su propio teléfono móvil.

Mi hijo quiere ser influencer, ¿cómo protejo su privacidad?

Existen niños de menos de 10 años que cuentan con ingresos millonarios por sus canales de YouTube. El medio ha cambiado, pero podríamos seguir hablando de los mismos ‘niños prodigio’ que veíamos en la televisión o en el cine. Sin embargo, en Internet parece haber muchos más, simplemente porque estas tecnologías están al alcance de prácticamente toda la población.

Es inevitable que cuando nuestros hijos consumen esos canales quieran imitar a sus ídolos. Por ello acaban creándose sus propios perfiles en las redes sociales que frecuentan en cuanto tienen el acceso a la tecnología.

A pesar de que las redes piden un mínimo de edad para registrarse en ellas, muchos jóvenes modifican su edad para realizar esta gestión. Por ello, lo mejor es acompañarles en esta tarea desde que manifiestan su idea de ser influencers. Para que así, por el camino, puedan aprender a proteger su privacidad.

Una cuenta privada y gestionada por sus padres

Cuando hablamos de niños que todavía no han alcanzado la secundaria y no tienen su propio móvil, estamos a tiempo de inculcarles buenos hábitos. Lo principal es enseñarles a proteger su privacidad y a ser conscientes de que existen riesgos al compartir tanta información en Internet. Por ello, les crearemos una cuenta privada que estará siempre gestionada por nosotros.

Junto a nuestros hijos, crearemos una cuenta en la red social que han elegido. Lo primero será configurarla de forma privada y explicarles que por ahora solo va a seguirles su familia y los amigos de su colegio. De este modo, explicaremos el concepto de ‘amigo’ y ‘conocido’. Las personas que conocemos de Internet no pueden considerarse amigos y por lo tanto no los aceptaremos como ‘amigos’ en nuestra red social.

Cada vez que creemos una publicación junto con nuestros hijos tendremos la oportunidad de inculcarles hábitos seguros. Por ejemplo, si hacemos una publicación en Instagram, le explicaremos que no vamos a marcar la ubicación de la fotografía porque sino cualquiera podría saber dónde se encuentra. También podremos decirles que no publicaremos las fotos de las vacaciones hasta volver a casa para no indicar a otras personas que nuestro hogar está vacío. Así evitamos a los ladrones.

Adolescentes en redes sociales

Cuando hablamos de adolescentes la protección se complica. Ellos utilizan sus propias cuentas en redes sociales y en muchas ocasiones éstas escapan al control de la familia. Es muy común que ante la prohibición o el control los jóvenes reaccionen creándose nuevas cuentas con nombres diferentes para que no sean localizadas por sus padres.

Es por esto que lo último que debemos transmitirles es la sensación de control. No tenemos que conocer las contraseñas de las redes de nuestros hijos, tampoco es necesario seguirles con un perfil falso para saber qué están haciendo. El método de protección más efectivo es la educación.

Que los adolescentes conozcan los riesgos a los que se exponen en Internet y sepan detectarlos será lo que haga que ellos actúen con cierta precaución en sus redes sociales.

Por ejemplo, muchos jóvenes creen que mantienen una actitud segura porque tienen su Instagram en modo privado. Sin embargo, no son conscientes de que al tener más seguidores que amigos en la vida real ya han perdido la privacidad. Si entre sus followers tienen a alguna persona que no conocen, o que conocen ‘de vista’, el control de sus publicaciones ya no está en sus manos, pues todo lo que publiquen puede ser replicado y caer en malas manos.

Por otra parte, también deben conocer los riesgos del sexting o el grooming. Así, cuando realizan sexting y se envían fotos ‘picantes’, esas fotos pueden acabar donde menos se lo esperan, aunque en un principio se fíen de la persona o de la tecnología que están utilizando. Por otra parte, deben conocer la existencia del grooming. Existen personas adultas que tratarán de ganarse su confianza haciéndose pasar por una persona de su edad, hasta conseguir que se produzca sexting y realizar chantaje hasta que la cosa sea demasiado complicada.

Aprovechando que les contamos los peligros de Internet, también les diremos que confiamos en ellos y por eso son libres de hacer lo que consideren en Internet mientras no incumplan la Ley o hagan daño a otras personas, y nos mostraremos dispuestos a ayudarles ante cualquier problema o eventualidad que pueda pasarles.

Así, aunque estos fenómenos suelen asustar a los padres, los jóvenes también se sentirán impactados por este tipo de casos, teniendo siempre mucho más cuidado cuando manejen las redes sociales. Como es habitual, la educación provocará la precaución.

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